¡Ah! Los jóvenes de hoy son irónicos: viven deprimidos con sus teléfonos móviles, en vez de pasar tiempo con sus familiares o amigos; publican en sus redes su soledad, viviendo alrededor de tantas personas. El problema es la comunicación: no hay, no existe. La gente que ha caído en esta mentira me dirá que no tengo la razón, que no los comprendo, que yo no he pasado por ello y por eso no entiendo, que se sienten solos. Los nazis argumentaban tener la razón absoluta y no la tenían. ¿Qué? ¿No los comprendo? Trato de ponerme en sus pies y buscar una solución (destripe: busca al final). Yo sí he pasado por ello y se como se siente, les quiero ayudar. Sí, están solos en un mar de comunicación instantánea y no es su culpa.
«¡Vamos! Todos se la pasan pegados a sus teléfonos, ¿por qué yo no?», «¡exageras!», «idiota, yo sí me siento mal» serán algunas de las respuestas que seguro recibiré. ¡Bah!
Alguien sí les ama: Dios. No están solos, escúchenme, ¡no están solos! Empiecen leyendo el Evangelio y aplíquenlo. Ya Dios hará el resto.
Al que esté leyendo esto y pase por esto: deja tu móvil y abraza a tus seres queridos, ¡ahora! Lee la Santa Biblia (en físico o en línea, no importa) Católica y aplica lo que lees. Te lo aseguro: tu felicidad aumentará.
AD MAIÓREM DEI GLÓRIAM.
Escritos del Amado, quien les saluda.
Yo, el Pequeño, que transcribí esto, les saludo.
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